En México, el juego de azar no es solo una transacción: es una experiencia que toca emociones, expectativas y, en muchos casos, necesidades. Para quienes trabajamos en la industria del
iGaming, entender por qué juegan los mexicanos no es un lujo analítico: es una necesidad estratégica.
Según datos de la Encuesta Nacional de Percepciones Sociales de los Juegos de Azar, elaborada por la UNAM, nos dan una pista clara: la mayoría de los mexicanos que apuestan lo hacen
por diversión. Más del 50% de los encuestados así lo señalaron. Para ellos, el juego es entretenimiento. Una forma de liberar tensión, de pasar un buen rato, de conectar con una emoción que
no encuentran en otros espacios.
Pero el panorama cambia cuando miramos de cerca el segundo motivo más mencionado: ganar dinero. Uno de cada cuatro jugadores apuesta con la esperanza de mejorar su situación
económica. Aquí, el juego ya no es solo juego: es expectativa, deseo, necesidad. Y eso cambia las reglas del juego —literalmente.
También encontramos diferencias por edad. Los jóvenes entre 25 y 34 años son los que más apuestan por entretenimiento. Su relación con el juego es parecida a la que tienen con los
videojuegos o las redes sociales: una experiencia digital, ágil y visual. En cambio, los jugadores de entre 45 y 54 años tienden más a apostar buscando un ingreso extra. Esto nos habla de
generaciones con motivaciones muy distintas, y de la importancia de no ofrecerles el mismo tipo de producto, ni el mismo tipo de mensaje.
El nivel educativo también influye. Quienes tienen licenciatura o posgrado apuestan más que otros segmentos, pero lo hacen con un enfoque más lúdico. Incluso quienes ganan más de cuatro
salarios mínimos reportan una mayor costumbre de apostar, sin que esto se relacione directamente con comportamientos de riesgo. Esto rompe con el estereotipo del jugador “vulnerable” y
nos recuerda que el juego atraviesa distintos perfiles sociales.
¿Qué implica todo esto para la industria? Mucho. Si queremos construir un sector de iGaming sólido en México y en América Latina, tenemos que dejar de hablar del “jugador promedio”. No
existe. Hay múltiples perfiles, con motivaciones distintas, y todos requieren una estrategia adaptada: desde el diseño del producto hasta la comunicación y las herramientas de juego
responsable.
Apostar a ciegas ya no es una opción. Hoy, más que nunca, la comprensión del jugador local es una ventaja competitiva. No basta con traducir la plataforma o tropicalizar un anuncio. Se trata
de conocer la cultura del juego en cada país, los hábitos reales de consumo, las expectativas y los límites. Solo así podemos generar experiencias que conecten, que duren… y que cuiden al
jugador.
En Blue Global Gaming lo vemos todo el tiempo. Operadores que llegan con grandes ideas, pero sin entender del todo al público mexicano. Marcas globales que quieren entrar al mercado,
pero no saben por dónde empezar. Y lo primero que hacemos es esto: escuchar al jugador, estudiar el terreno y construir desde ahí.